Persiguiendo lo relativo

freestyle en teclas persiguiendo lo relativo dacas writter

Yo era esa agua, calmada entre la niñez estática que solo se enfocaba en jugar, comer y cagar.

El tiempo cicatriza herida o nos saca arrugas, acumula sentimientos o caduca sensaciones. Ambidiestro por llamarlo de alguna forma, dual, ambiguo, ecléctico fluyendo entre nosotros, bipolar según los casos, nos obliga a ejercer cambios, desde el humor hasta nuestra forma de ser. Eso que llaman “quemar etapas” parece tomar su verdad a medida que transcurren los años. Sin embargo hay cosas que no mueren. ¿Qué es? Eso que llamase “amor”…

En mi caso y apuesto que en el suyo también, o al menos espero que se acerque un poco, la música forma parte de ese amor incondicional al que un día juramos lealtad infinita, tácitamente, mientras escuchábamos alguna canción favorita que con el pasar de los años se convierte en una especie de himno personal. Y entre esos amores, como de en rosa en rosa, suele aparecer quien resalta ante el resto. En mi caso la inocencia, la facilidad y compromiso artesano del hip hop me envolvió. Envolvió mi ser y sacudió las bases, cual relámpago de Catatumbo chocando en un atardecer con el agua. Yo era esa agua, calmada entre la niñez estática que solo se enfocaba en jugar, comer y cagar. De pronto las rimas, el beat, la cadencia, el flow, la ropa…

Fue simplemente un Freestyle que encendió la mecha y se extendió durante todo mi bachillerato, sacar del diafragma y mente mis ideas y sentimientos era todo un acontecimiento y, sin entender el porque, algo me inducia a eso, como el efecto cientifico entre neutrones y protones cual iman ejerciendo su atraccion. Rapear y todo aquello reconstruyo mi mundo y me dio nuevos sueños, me consagro en mis 5 minutos de glorias por algunos buenos compases que habre lanzado en esas ruedas a cual efecto se traducia en una ovacion y manos al aire, sacudiendose en ese movimiento vertical de arriba hacia abajo una y otra vez.

Pero en la verticalidad de la vida, estan esos momentos de intervalos que nos hacen tomar decisiones tajantes. Y tajatemente, un dia, sin motivo aparente, mi voz decidio apagarse... fue una decision autonoma de ese propio yo interno al cual muchos, siendo arropados por las tensiones externas, optamos por hacerle caso y detener la marcha. O tal vez, retomar nuevos horizontes, no hay nada asegurado después de todo... Quizás ahora, aquellas rimas que un día retumbaron en un microphone, de los pocos temas que alcance a grabar, quisieron mutarse y transformarse en estas oraciones, que fluyen bajo un beat de igual manera que una lirica, pero que en vez de ser rapeadas, desean ser solo leídas. Que ellas solo rapeen a través de las infinitas pupilas de quien las pueda palpar mientras yo escriba. Están vivas ahí, con el mismo tinte insurgente con que surgieron esas canciones que componía de adolescente, teniendo ese mismo sabor a mierda y asfalto característico del hip hop.

Para los amantes del hip-hop nos quedan todas estas anécdotas, tenemos a nuestros ídolos caídos como el Canserbero, Ardilla ó Kraken

Y es que muchas veces las palabras solo flotan y pueden ser halladas en diferentes interpretaciones, tal cual lo llego hacer Charlie Parker en un momento. Gran Saxofonista del Jazz a quien por cierto Julio Cortázar le llego a dedicar un cuento en su memoria, titulado “El Perseguidor” representado bajo el nombre de Johnny Carter. El demuestra claramente que para decir mucho bastaba solo con tocar como nadie el saxo y que cada nota rozara el cielo, o sacara su infierno interior de ser un artista incomprendido en una sociedad conforme, que se deleita en ver como un gran artista se despedaza entre sus sentimientos, mientras solo nos hacemos jueces de lo que ya conocemos.

Lo desconocido nos da temor y lo criticamos; Johnny Carter según la interpretación que le dio Julio Cortázar o bien podríamos llamarle Charlie Parker como era el nombre del artista real, buscaba esa supra-realidad, ese mundo incomprensible que es fácil de encontrarlo si nos alejamos un poco de la rutina y nos hayamos con nosotros mismos, en ese conflicto con nuestro propio ser, como lo demuestra en un fragmento del cuento cuando Johnny Carter habla del problema que sostenía al mirarse el mismo frente al espejo. 

¿Cuántos de nosotros estamos seguros que nos vemos realmente frente al espejo? ¿Cuántos de nosotros podemos estar seguros que somos realmente nosotros a través de esas letras que tocamos en tarima? Soy de los que suele pensar que el recuerdo no es más que un mero sueño de algo que ya viviste o bien pudiste haberlo estado soñando. Pudiera entrar en juego esta realidad y reafirmarla como un sueño en sí, de esa forma estamos sujetos a los inciertos caminos más seguro. Y las respuestas a todas estas preguntas, siempre, a mi parecer, flotaran en el aire.

Para los amantes del hip-hop nos quedan todas estas anécdotas, tenemos a nuestros ídolos caídos como el Canserbero, Ardilla ó Kraken quienes aun nos siguen rapeando en las cornetas mientras pase el tiempo. De alguna forma nadie a muerto en la realidad de un tiempo fugitivo, aun persisten beats vacios esperando ser acordonados con rimas, que tal vez pudieran ser de nuevo las mías, las tuyas, de todo aquel que como un perseguidor se mantiene en la carrera de hacer esta realidad más real, tan solo conectándonos con nosotros mismos, mientras LP resuenen, beats repiquen y disparen y mientras un Saxo siga tocando majestuosamente tras las líneas de un cuento de Julio Cortázar. Todo es relativo compañeros, pero la música seguirá estando ahí.

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  por: Dacas Writter.

  

 

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