A la poesía le hace falta Hip Hop

 

Algunas reflexiones desde el rap guatemalteco.

Hace ya un buen poco de tiempo un tipo llamado Nicanor Parra sintió que algo andaba mal y llamó a los poetas a que bajaran del Olimpo. Si ese tipo no estuviera tan viejo se me hace que hubiera preferido mil veces subirse a un escenario a improvisar hip-hop que sentarse en una silla a leer poesía.

La cosa se puede poner aburrida y posiblemente el hecho de que a las lecturas (recitales suena más aburrido) de poesía no asista mucha gente, no sea culpa del sistema educativo sino de nosotros mismos. Saquemos el recuento de los daños: el público que escucha poesía está conformado mayoritariamente por poetas, luego por los amigos de los poetas, los dueños de los locales y algún par de personas que por casualidad pasaban por el lugar. “Poesía de círculo vicioso para media docena de elegidos”, diría Parra y capaz hasta al número le acertó.

Es como un sacerdote celebrando misa para otro sacerdote que ya se sabe el rito de memoria. Mejor sería hacer la cosa un poco diferente, buscar nuevos espacios, nuevas formas, y es que quizá a la poesía le falta calle, le falta hip-hop.

Imaginarme en un antro con muchas manos moviéndose al ritmo de un bajo

Hace ya un par de años empecé a conocer la escena hip-hop del país, especialmente el reducto de aquel bar de la zona 1 llamado “El Círculo”, donde cada tercer sábado de mes se llevaba, y se lleva a cabo, el “Universo de Estilos” con batallas de mc´s acompañadas de b-boys y graffiti. Allí la gente, si el mc es bueno, le corea cada buen verso que le sale, le levanta las manos al ritmo del beat y lo escucha atentamente estando de pie. Que bueno sería que cada lectura fuera como aquella escena de 8 Mile (la película de Eminem) en la que la gente siente realmente al tipo con el micrófono en la mano, se asombra de su ingenio para la rima y se mueve al ritmo de sus palabras. Ese es el punto, que la gente se emocione y no que se aburra sentada esperando que el poeta se calle y el dj ponga la música.

Ofenda quizá hablar de rap en un texto de literatura

Las mejores lecturas que se realizan son las que van más allá del mero hecho de sentarse a leer, y juegan con la puesta en escena de un ambiente más atractivo. Buen ejemplo serían los “Poesía versus”, enfrentando al poeta contra mc´s, rockeros, otros poetas e incluso marimbas, el gusto de poder interrumpir al contrario, de demostrar que 2Pac puede ser tan bueno como Vallejo y que otro poeta puede ser tan interesante como Marimba Estrella, aquí la cosa interesante y por supuesto más divertida.

Para leer hay que saber más de lo que se aprendió en la escuela; suele suceder que el propio autor lea mal su trabajo; primero complica la situación el hecho de que se escribe mayoritariamente pensando en ser leído y no en ser escuchado, de aquí que muchos textos simplemente no se presten para la voz, además una buena lectura implica el dominio del autor sobre las voces que actúan en su texto, si no se vive lo que se escribe la gente percibe que no se es real, de allí que se aburran y que no crean.

Poetas poco reales con blin blin y líricas fáciles

Suele decirse que un rapero no es real cuando habla sobre pasar hambre y tiene en casa un refrigerador lleno, cuando habla de pandillas y siempre vivió en un residencial con seguridad privada. Lo mismo pasa en la poesía, yo no puedo sentarme a escribir sobre el peligro de tomar un bus si toda la vida la corro en mi carro, yo no puedo escribir como marero si lo único que conozco de las pandillas es lo que sale en los periódicos, problemática social y económica aunque ni siquiera sepa lo que es trabajar para mantenerme. No basta con leer un ensayo sobre la situación para ponerse a escribir, “para los topos las escuelas y la vida es pa aprender”. No estoy saliendo con resentimientos sociales; pero uno escribe sobre la realidad que conoce y vive, no hay por qué andar impostando voces que al final de cuentas no nos pertenecen. La única literatura válida no se basa en temáticas sino en sinceridad y vivencias. “Si dices algo en el micro lo sostienes en la calle”.

A pesar de eso parece que surgen escritores con un gran blin blin colgado del cuello opacando con su auto marketing reluciente de chispitas de oro su propia obra, como raperos que ya no hacen nada más que cantar sobre mujeres fáciles, dinero y drogas. En aras del posmodernismo da por hacer poemas basados en recursos fáciles con tal de llamar la atención, atrás queda el ingenio de un buen verso y el buen trabajo sobre las palabras. Como un rapero que sólo insulta con vulgaridades a falta de imaginación.

Que no nos extrañe que Control Machete tenga más movimiento que un poema, parece que a los poetas hace mucho tiempo se nos olvido lo referente al ritmo, caímos tanto en lo fácil que hasta la cadencia de las palabras quedó atrás.

Una cultura literaria y una nación hip hop

Falta mucho para tener una escena literaria en el país, pero labores como la del Colectivo Metáfora ayudan a la creación de ésta llevando la poesía a la calle, las cárceles y los centros universitarios de algunas ciudades del occidente como una labor descentralizadora de la propia literatura. Los mejores públicos suelen conseguirse en los lugares donde menos se pensó que pudiera existir gente interesada en libros. El asunto no es crear literatura plástica para su fácil manejo en manos de la población sino crear difusión con medios alternativos que ayuden a borrar la imagen aburrida, nerd y lejana bajo la que se ha estigmatizado la escritura por culpa muchas veces de la estrechez de los círculos literarios.

Abriéndose es como una nación hip-hop se crea en Guatemala y logra por tercera vez llevar a cabo el Festival Centroamericano Revolución Hip-Hop, tomando calles de la ciudad y la Concha Acústica como escenarios en vez de antros cerrados, abriéndose es como se ha extendido la cantidad de b-boys que se juntan a ensayar y aprender en el Centro Cultural Metropolitano llegando a necesitar lugares propios para sus reuniones aunque las mismas autoridades quieran desalojarlos.

Ofenda quizá hablar de rap en un texto de literatura, los poetas no solo escuchan Fantomas, Draco Rosa y Nine Inch Nails, entonces no se alarme. Hablar de hip-hop a la par de la literatura es un intento de mover nuestras cabezas para aprender también de las artes proscritas, porque en dos escenas muy diferentes pueden suceder similitudes, defectos y algunas cosas de las que se puede aprender. Hablar de poesía y hip-hop, es sólo un pretexto nada más.

Por Gabriel Woltke en Revista Luna Park No. 18

 

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